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Cantabria, Politica

Gran Reserva

08.09.09 | 10 Comentarios

 En estas últimas semanas la polémica sobre el “Plan Eólico” ha subido en intensidad de forma exponencial. Sus detractores rechazan el Plan en base al impacto visual que supuestamente causa sobre el paisaje de nuestra Región y más concretamente sobre Santander y el entorno de su Bahía.

La red acoge una simulación en la que la Bahía de Santander aparece atestada de aerogeneradores. Su autor e impulsor un arquitecto. A él se suman, desde una red social, lo más granado de la sociedad bien santanderina, no faltan apellidos como los Laínz y Ribalaigua, pasando por los apellidos compuestos de Santander de Toda la Vida.

También se han manifestado 95 artistas y galeristas de nuestra Región y alguna asociación con presidencia de ilustre apellido. De entrada su posición es más suave y reclaman más información democrática y transparente, y el respeto al “porte paisajístico de la bahía de Santander”.

De otra parte, y de forma colectiva se han posicionado grupos conservacionistas. Su planteamiento es claro: “el toro de vuelta al corral”.

Y por último está el Partido Popular. Su NO es rotundo, y así lo ha expresado en reiteradas ocasiones tanto de forma colectiva como individual. Incluso un diputado regional de esta formación ha llegado a pedir “el levantamiento colectivo” de la sociedad de Cantabria en contra del Plan Eólico.

Se ha vertido, por tanto, mucha tinta, tanto digital como convencional, en las últimas fechas para criticar y denostar la implantación de producción de energía eólica. El motivo que todos esgrimen para su rechazo es el impacto visual negativo que genera, su contaminación visual. Demasiados molinos, demasiado grandes, y además, contaminan la Bahía de Santander.

Llegados hasta aquí, es necesario aseverar, que con la tecnología que disponemos, ninguna, absolutamente ninguna, forma de producción de energía tiene coste cero medioambiental. La energías renovables, entre ellas la eólica, son las más limpias dado que no generan contaminación atmosférica, pero conllevan otros impactos, la eólica el visual.

Dicho esto, supongo que nadie, ni detractores ni defensores, cuestionamos el estándar de vida medio existente en el mundo occidental. Convendremos también, que nuestro reto para este siglo es que el consumo y producción de energía sea cada vez más responsable y más respetuoso con el medio ambiente. A partir de ahí toca decidir qué tipo de energía queremos producir. Lo que no se puede hacer es intentar plantear un debate demagógico, mentiroso y sin alternativas.

Puedo admitir, en principio, la buena intencionalidad intelectual de artistas y conservacionistas. Los primeros alarmados y preocupados por la información sesgada que les ha llegado. Los segundos por que están en su papel. Aunque los unos y los otros han podido, o pueden conocer el proyecto en toda su extensión y realidad.

Un proyecto que no es fruto de la improvisación. Cuya elaboración ha estado a cargo de la Universidad de Cantabria, y se ha realizado teniendo en cuenta parámetros ambientales, culturales, demográficos, paisajísticos, …; que se ha testado y sometido a la aprobación de alguno de esos colectivos conservacionistas que ahora lo rechazan; que tiene el visto bueno del Consejo de Estado; del que se ha informado a todos los ayuntamientos en los que va a desarrollar; del que los vecinos y vecinas de estos municipios han podido visualizar simulaciones y acceder a información puntual de su desarrollo; y del que se ha informado en reiteradas ocasiones en el Parlamento de Cantabria.

Un proyecto, un Plan, para general conocimiento, cuya zona eólica más cercana a Santander está situada al sur de Lierganes y su impacto visual es cinco veces menor que el que ocasiona el monumento al Indiano ubicado en Peña Cabarga.

Un Plan, además, en el que el número de molinos y su ubicación definitiva en cada zona dependerá y vendrá determinado por el estudio de impacto ambiental definitivo que se llevará a cabo sobre el proyecto presentado por las empresas concesionarias.

Un Plan que va a permitir que en diez años casi el sesenta por ciento de la electricidad que consuma Cantabria sea procedente de energías renovables. Un Plan que va a posibilitar la implantación y desarrollo de proyectos empresariales de la “nueva economía” generadores de empleo.

Esta, y no otra es la apuesta de este Gobierno, del PSOE. El desarrollo social, ambiental y económico de nuestra región en el marco de una economía sostenible.

Ese es el objetivo. Y es precisamente este Gobierno, tan denostado ahora por querer causar un daño medio ambiental a la bahía de Santander, el mismo que hace cinco años saco adelante el Plan de Ordenación del Litoral (POL), con la clara determinación de salvar el litoral de nuestra región de depredadores y especuladores, y haciendo una apuesta clara y rotunda por la conservación ambiental y paisajística de nuestra región. ¿Quién se oponía?. El Partido Popular. Ese que ahora lidera la oposición a la instalación de eólicos en Cantabria y ánima al levantamiento social contra el Plan eólico, y que hace cinco años incitaba a los ayuntamientos a revelarse contra el POL.

El Partido Popular, igual que con el POL, vuelve a poner por encima de los intereses de presente y de futuro de Cantabria sus intereses partidarios y electorales. Creen que incitar y liderar esta polémica puede dañar la imagen del Gobierno y la de los Partidos que lo integran, y así facilitar su acceso al poder. Ellos ansían, por encima de todo, “el regreso al pasado”, y el futuro de nuestra Región les importa poco.

Y es que, “Cantabria, Gran Reserva”, además de un eslogan publicitario, para algunos es una forma de entender el entorno, un concepto patrimonial que marca su ideario y su concepción del futuro.

Pero Cantabria no puede renunciar al futuro. Los que vivimos en ella no podemos volver, no tenemos el derecho a dejar pasar otra oportunidad. De cifrar nuestro futuro al manido “marco incomparable”. Tenemos la ocasión de proyectar un nuevo tejido industrial y empresarial que nos hará menos dependientes; que diversificara nuestra economía haciéndola menos vulnerable. Gran Reserva, o futuro. Rehenes de nuestro pasado, o dueños de nuestro futuro. Esa es la elección.

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