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Cuentos

08.20.09 | 9 Comentarios

Hace algún tiempo, no mucho, alguien no muy cercano me conto una pequeña historia, una fabula, no lo sé exactamente, que me gustaría compartir. En todo caso la moraleja, si la hubiere, la dejo a gusto y cuenta del lector.

Hubo, al parecer, hace lustros, un conocido capitán de barco con muchos, muchísimos años de singladura por todo tipo de mares y océanos. Avezado en todas las artes marineras y conocedor de todas las procelosas aguas, su mando al timón le valió de fama en todos los puertos donde recalaba.

Su aguerrida tripulación le profesaba respeto y gran lealtad y sus órdenes, aunque fueran equivocadas, siempre se acataban con decisión y disciplina

Éxitos y fracasos fueron jalonando el libro de bitácora del experto marino que siempre creyó saber cómo mantener el rumbo ante todo tipo de adversidades

Transcurrieron los años y el ya veterano capitán, con muchas tempestades a sus hombros, y cierto cansancio decidió “colgar su pipa” dejando paso a nuevas generaciones de marinos, y un día, entrego el sextante, bajo a tierra firme y vio como el barco zarpaba de puerto al mando de otro capitán.

A partir de ese momento la lectura, las largas charlas con amigos, y los viajes por tierra firme pasaron a ocupar las horas del veterano lobo de mar. Pasaron los meses, también los años pero el viejo capitán seguía con avidez y añoranza creciente las singladuras de su barco.

El navío, con el tiempo, emprendió nuevas rutas y arribo a otros puertos. Las travesías del buque dejaron de ser conocidas por el veterano capitán que no comprendía, ni compartía los cambios de rumbo, ni las nuevas singladuras.

El veterano marino dejo de bajar a puerto, para él su barco se convirtió en un desconocido. En tabernas y tascas, y a todo el que le quería escuchar, comenzó a mostrar su desacuerdo por la forma de guiar la nave.

Poco a poco, y para regocijo y algarabía del resto de la flota, el desacuerdo del capitán se torno en crítica y reprobación: las rutas eran equivocadas, el rumbo un desastre, y los puertos inadecuados. Todo estaba mal y el que fuera su barco se encontraba a la deriva.

Pero el buque, como siempre, seguía navegando, cubriendo singladuras, y afrontando tempestades

Hasta aquí este cuento, que no es otra cosa que un cuento de marinos, barcos, y mares. De eso que, como me dijo el que me lo conto, encandila a pequeños y mayores y llena páginas y páginas de libros. Y como es costumbre en estos menesteres, y para terminar,  ya sólo queda por escribir: “colorín, colorado este cuento se …”

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